viernes, octubre 28, 2011

De cómo acabé con una rodaja de tomate en la cartera

Hace unos dias, una de mis hermanas se graduaba de la uni, así que para allá fuimos toda la familia en caravana para acompañarla en ese momento. Mire usté que nos llevamos a los 3 jodon.... perdón, a los 3 chiquitos de mi casa:

*El buen hijo (4 a.)
*Mini me (4 a.)
*2do sobrino favorito (4 m.)

El acto empezaba a las 5 y tuvimos la suerte de poder dejar a los menores durmiendo casi hasta el momento de irnos, porque sino, el horror!! el horror!! (todo el que tenga niños entenderá). 

Los menores empezaron portándose bien, pero segun avanzavba el acto asi avanzaban su animo. Y ocurrió: Mami tengo hambre! Mami tengo hambre! Mami tengo hambre! Mami tengo hambre! Mami tengo hambre! 
Mami tengo hambre! Mami tengo hambre! .......

Parada en la cafetería y ahí les traen 2 sendas tostadas con jugo a cada uno. El buen hijo empieza con la suya sin pensar, mientras que el mio esta como analizando la situación, se da cuenta que la de el tiene tomate (a el le encanta el tomate hay que aclarar) peeeeero como quien tiene un niño es lo mismo que una granada "made in china", que usted nunca sabe cuando va a explotar, me salta el muy hijo de la madre que lo parió: Yo no quiero tomate.

Fácil, sacarle el tomate y que se lo coma el primo, dirán ustedes. Pobres ilusos! Como se nota que no tienen mini clones de ustedes por ahí. Porque el primo ya se comió la suya y no quiere saber nada del tomate del otro.

Y que iba a hacer, no me iba a parar en medio del acto a buscar un zafacón, envolví el dichoso tomate en servilletas y lo metí en un bolsillo de mi cartera hasta que terminó todo y pude deshacerme de la evidencia. Sim-ple!


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